Parece que fue ayer, pero hace unos días la 3DS cumplió nada menos que 1 año en los estantes de las tiendas y en las casas de muchos fans nintenderos. Desde aquí va mi muy personal análisis de una consola que quiso revolucionar el mercado pero quizás no fue tan bien recibida como se esperaba.

Siempre relacionamos a las consolas de Microsoft y Sony con grandes gráficos y a las de Nintendo con diversión aunque todas proporcionen entretenimiento, esto lo sabemos todos los jugones, nuevos y viejos. Sin embargo, la compañía nipona es capaz de sorprendernos con el potencial de sus productos como ya demostró con The Legend of Zelda: Skyward Sword que explotó al máximo las capacidades de la Wii.
Por otro lado, siempre se traen un as bajo la manga para sorprendernos y ofrecernos algo diferente. Así fue cómo la Nintendo DS se convirtió en una de las consolas más vendidas y más queridas por muchos, ya que la PSP era como llevarte una PlayStation de sobremesa encima, pero en la DS no sólo nos reencontrábamos con el infaltable Mario sino también con modernos y curiosos estilos de juego, gracias al uso del stylus, el micrófono y más accesorios.
La Nintendo DS vivió una época próspera y ganó (por mucho) a la PSP en cuestión de catálogo. Tenía de todo: juegos de carreras, aventuras gráficas, los novedosos Nintendogs y derivados, clásicos renovados como New Super Mario Bros y acogió a una de las nuevas sagas estrella (y una de mis personales favoritas): la del Profesor Layton.
Sabíamos que de parte de Sony tendríamos algo similar a la PSP pero con grandes mejoras en el aspecto gráfico y alguna que otra novedad añadida. ¿Qué estaría preparando Nintendo? La sorpresa esta vez vino con la apuesta por el 3D, algo que resultaba interesante incluso para competir con las “nuevas consolas portátiles”, los smartphones.
Lamento decir que soy de ese mínimo porcentaje de personas que no son capaces de disfrutar del 3D de la consola por lo que para mí la novedad se quedó en nada. Simplemente puedo ver a la 3DS como una sucesora casi idéntica a la DS que tantas horas de diversión me trajo. Sin embargo, para aquellos que pueden disfrutar de las tres dimensiones, se trata de un añadido original y diferente.

Luego vino la batalla por el precio: la 3DS se presentó demasiado cara para lo esperado, y en una jugada muy cuestionada, Nintendo la bajó de precio, haciendo que sus ventas mejoraran pero que muchos compradores anteriores se quejaran. Había que resarcirlos por lo que se les dieron a cambio juegos gratuitos, algo que no muchos vieron como un cambio justo.
En cuestiones de catálogo, no hubo sorpresas. Es más la sensación de ver a clásicos como Zelda o Street Fighter en 3D que la espera por juegos “nuevos”; prueba de ello es el éxito que ha tenido una nueva entrega de una vieja saga, Resident Evil Revelations.
Por el lado de los controles, otra vez Nintendo realizó un dudoso movimiento, añadiendo un accesorio que encuentro horroroso e incómodo (no hace falta explicar a cuál me refiero) y que aumenta considerablemente el tamaño que ocupa la consola en nuestras manos.
Seguramente me deje más cosas en el tintero, pero como su vida útil está lejos de haber acabado, habrá tiempo de hablar de la 3DS, de su competidora, la PS Vita, y de juegos por venir.




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