El Max Payne 3 de Rockstar se enfrentaba en su día de lanzamiento (americano) a la salida de otro gigante de los videojuegos, quizás el más esperado del año debido los años que habían pasado; por supuesto, nos referimos a Diablo III. Pero mientras que el juego de Blizzard es, a pesar de su gran alcance, un juego de hack ‘n slash para amantes del rol y la acción ambientada en mundos fantásticos, Max Payne nos lleva siempre a su territorio propio de los shooters y a unos escenarios bien reales con situaciones que nos podríamos encontrar en varias ciudades del mundo (un poco llevadas al límite, claro).

Historia y estilo de Max Payne 3
Hacía unos nueve años que no sabíamos nada del Max de Remedy Entertainment y no era un personaje que esperáramos que resucitara hasta que Rockstar Games anunció su vuelta para alegría de los fans. Desde un primer momento, los gráficos atrajeron a muchos pero ningún juego es bueno sin una historia sólida. Esta aventura del ex detective de New York nos traslada a la exótica Sao Paulo, en Brasil, donde Payne ha iniciado una nueva vida en la seguridad privada, como protector de un rico empresario llamado Rodrigo Branco y su familia. Aún atormentado por los recuerdos de su traumático pasado (la muerte de su esposa e hija), se verá obligado a volver a la acción cuando la seguridad de dicha familia se vea amenazada.
El Max Payne original, con su estilo comic noir y sus disparos “a lo Matrix” sorprendió a todos en su día y fue una gran bocanada de aire fresco para los fanáticos de los shooters. Además, nos contaba una historia de corrupción y redención muy atractiva, presentada en ese estilo de viñetas mezclado con escenas de explosiva violencia. Su secuela, Max Payne 2: The Fall of Max Payne, continuó sus pasos con gran éxito, manteniendo la mecánica y el estilo del juego. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a la tercera entrega de Max Payne, a pesar de que la forma en que el protagonista nos narra su historia sigue teniendo su toque noir, cambiamos las cinemáticas con estilo comic por unas más típicas de otros juegos de la época; el cambio a la next-gen se nota con creces, y esto es algo que puede resultar demasiado “moderno” para los nostálgicos, aunque no se puede negar que es la mejor adaptación a la nueva generación que podría tener un shooter de este tipo.
El Max Payne con mejores disparos
Desde los primeros trailers y gran cantidad de vídeos explicativos de Rockstar, vimos el arsenal de armas que cargaría nuestro protagonista y, por sobre todo, el impresionante realismo de los disparos. Nunca el trayecto de una bala se retrató como en Max Payne 3 y es algo que los aficionados a los shooters agradecerán. A aquellos interesados en las armas se les habrá hecho la boca agua después de los vídeos dedicados a cada una que lanzaban desde la desarrolladora.

El control es variable. A veces las cutscenes son cortas, y otras demasiado largas, y podemos sentir que perdemos un poco el control cuando volvemos a la acción o que todo está sutilmente programado, no dejándonos explorar y vagar por ahí. Sin embargo, no se puede negar que las escenas son para relajarse y disfrutar, ya que la calidad tanto gráfica como narrativa es muy alta. Los estilos que ya son marca registrada de Max (Bullet Time y Shoot Dodge) regresan y han sido refinados. Nos hacen disfrutar del entorno completamente destructible que nos rodea; nuevamente, algo ideal para un aficionado a los juegos de disparos.
Finalmente, la “cámara de matar” nos guiará a través del trayecto de la bala hasta nuestro objetivo, haciendo de ello algo muy cinematográfico y fácil de apreciar pero sin llegar a regodearnos en algo tan morboso como el asesinato. Las físicas son impresionantes, quizás la mejor actualización que ha sufrido MP con el paso a la nueva generación.
¿Es Max Payne 3 rejugable?
Max no se pierde en las favelas, siempre tiene un camino algo definido que hace que el juego pierda un poco de libertad y encanto, pero no hay dudas de que el modo historia para un jugador, con una duración de unas 10-12 horas, hará las delicias de los aficionados al género. También dispondremos de modos arcade para ampliar la rejugabilidad, como New York Minute, donde deberemos jugar la campaña contrarreloj y cuanto más matemos, más tiempo obtendremos. Sin embargo, a pesar de ser una premisa atractiva, se vuelve algo monótona y será difícil que alguien se interese por realizar toda la campaña de este modo, especialmente una segunda vez.

El modo multijugador sí es una grata sorpresa, ya que especialmente en el modo Gang Wars da bastante importancia a la narrativa en un modo que suele ser destinado a jugar en grupo para divertirse y preocuparse más por los disparos que por la historia. Con cuatro rondas, tenemos diferentes objetivos que se van alternando, desde desactivar bombas hasta asesinar a un líder de la banda contraria. Los denominados “bursts” son muy relevantes ya que confieren ventajas a los miembros de tu banda, como mejorar las armas o volver a tu equipo enemigo “paranoico”, haciéndoles pensar que sus compañeros son en realidad enemigos.
Max Payne 3: Conclusión
Duele decirlo, pero quizás Max Payne 3 ha hecho que la saga pierda lo que hacía a Max Payne único. Sí, es verdad que es un gran shooter, que la narración “Chandleriana” de novela negra sigue ahí, pero el aspecto comic ha sido reemplazado por cinemáticas (muy buenas) que podemos encontrar en cualquier otro juego del género. Max Payne 3 es un gran juego de disparos pero como lo son otros también. Sigue resaltando por puntos fuertes como la narrativa y algunos agradecerán el cambio de ambientación (ese Sao Paulo tan de “Cidade de Deus”) pero el modo un jugador se puede hacer algo corto. Es, repetimos, una grata sorpresa el modo multijugador, que amplia la experiencia y aumenta su rejugabilidad. Con respecto al sonido, la banda sonora y voces originales son ambas destacables, pero el juego llega sin doblaje al español y para los que no hablen inglés puede hacerse complicado seguir los subtítulos algo pequeños entre tanta escena de frenética acción.




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